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ofertas. REPÚBLICA DOMINICANA
Parte principal de La Española, uno de los grandes bastiones de Colón en su descubrimiento del Nuevo Mundo. , REPÚBLICA DOMINICANA la mayor de los dos países que integran la isla de La Española, como fue llamada por Colón cuando en 1492 llegó a ella por su sector occidental, que en la actualidad corresponde a Haití. Ocupa las dos terceras partes orientales de la isla, con una superficie de 48442 km2 (equivalente a la de Aragón). Su figura triangular se extiende entre los 17° 36-19° 58 lat, N y los 68° 20 n° long. 0, y tiene como límites a la vecina Haití por el 0, a lo largo de una frontera de más de 300 kilómetros; el océano Atlántico al N; el mar Caribe o de las Antillas al S; y de Puerto Rico está separada al E por el canal de la Mona. A pesar de que la distancia mayor del país en línea recta, de la frontea con Haití al cabo Engaño, en el extremo oriental, es de menos de 400 km, la longitud de sus costas se aproxima a los 1600.
La Española fue el punto de partida de la colonización hispana en el Nuevo Mundo: el primer asentamiento, el Fuerte de la Navidad, construido con los restos del naufragio de la carabela Santa María, en la Navidad de 1492; la primera ciudad, La Isabela, en 1493; la primera Audiencia, en 1511; el primer hospital, en 1511; la primera Catedral, en 1514; la primera Universidad, en 1538; el primer obispado, en 1547; el primer azúcar elaborado.
La
República Dominicana es un estado presidencialista, en cuya población predominan los mulatos y que tiene el castellano como lengua oficial; la capital es Santo Domingo.
GEOGRAFÍA FÍSICA DE LA
REPUBLICA DOMINICANARelieve. En él destacan, sobre todo, los contrastes: sistemas montañosos elevados y abruptos, auténtico nudo de confluencia de todas las Antillas, junto a valles profundos y amplias llanuras costeras. En sentido NO-SE las líneas de relieve se van sucediendo paralelas desde la costa septentrional a la meridional, intercalando valles que resaltan aún más las montañas. El eje principal es la denominada cordillera Central, la de mayor desarrollo de superficie y de altitud, con el pico Duarte, el más alto de todas las Antillas (3175 m); se prolonga hacia el E con la cordillera Oriental o de El Seibo, dando lugar al estrechamiento triangular de la isla. Al N se alza la cordillera Septentrional, entre la península de Samaná y Monte Cristi, de menor altitud que la anterior, con picos como el Diego Ocampo (1220 m). Al S de la cordillera Central se extienden una serie de alineaciones montañosas de corta longitud, ya que se prolongan hacia el O más allá de la frontera con Haití. Se trata, en primer lugar, de la sierra de Neiba, con picos como el de Neiba (2262 m), y más al S en lo que constituye el extremo meridional de la isla, la sierra de Baoruco (o Bahoruco).
Entrecruzados con esta serie de elevaciones destacadas se extienden los valles intramontanos y las llanuras aluviales y marinas. Entre la cordillera Septentrional y el mar se extienden las llanuras costeras del N como avanzadas semicirculares separadas por bahías. Entre las cordilleras Septentrional y Central se aloja el amplio y fértil valle del Cibao, desde la frontera con Haití a la bahía de Sarnaná; al sector oriental lo llamaron los españoles Vega Real. Entre la cordillera Central y la sierra de Neiba se abre el valle de San Juan, el segundo en tamaño después del Cibao, un gran valle colgado a casi 500 m de altitud, más fértil cuanto más cerca de su límite oriental. La hoya de Enriquillo se encuentra entre las sierras de Neiba y Baoruco, una depresión endorreica, cerrada y hundida a una altitud inferior al nivel del mar; los movimientos tectónicos hundieron un brazo de mar y esta depresión se cerró por la erosión de las montañas y los aportes de los ríos; las aguas se han ido perdiendo por evaporación, dando lugar a un lago salado y a suelos con alto contenido en sal, pobres para agricultura. Todo el frente meridional costero, excepto una mínima llanura al S de la sierra de Baoruco (que se prolonga hasta la isla Beata), corresponde a la llanura oriental del S, la llanura agrícola y urbana por excelencia; en ella se encuentran las principales ciudades y es el enclave fundamental de la caña de azúcar.
Este relieve se apoya básicamente en dos tipos de rocas: las calizas y las volcánicas. El carácter abrupto y elevado de las unidades montañosas, junto a la alternancia de valles fértiles y las frecuentes formas cársticas del terreno, con grutas, simas y manantiales, así lo atestiguan. Las costas de la
republica dominicana no tienen la complejidad de sus vecinas cubanas, pero proliferan las bahías y pequeños cabos y penínsulas; en cuanto a los arrecifes, hay puntos destacables como el de la isla Saona, al SE. Clima, hidrografía y vegetación. Situada en la zona intertropical, el clima dominicano es el resultado de factores como la constancia de los vientos alisios procedentes del Atlántico con dirección NE-SE, la altitud y la orientación del relieve. Por la localización intertropical, un mismo punto tiene muy poca variación térmica a lo largo del año y su precipitación se reduce de noviembre a abril, la estación seca. Eso es lo que explica que en la capital, Santo Domingo, la temperatura oscile sólo de 24°C en enero a 27 en julio. La altitud y orientación de los relieves son las que provocan los mayores contrastes térmicos y pluviométricos. Conforme se asciende en altura, la temperatura desciende aproximadamente 6°C cada 1000 m, con lo que en las cumbres más elevadas se registran temperaturas máximas de 10°C. Asimismo, las vertientes expuestas al viento (barlovento), en este caso las nordorientales, reciben mucha más precipitación que las refugiadas de él (sotavento), las sudoccidentales, y tanta más lluvia, cuanto más elevadas y verticales sean las montañas. De esta forma, las lluvias más abundantes se registran en las vertientes y valles situados al N y al E, de tal forma que en un año pueden recogerse en las cordilleras Central y Septentrional precipitaciones de más de 2000 mm, mientras que las vertientes y valles situados al S y al O reflejan la falta de humedad, como ocurre en la depresión de Enriquillo, que apenas supera los 500 mm al año. Finalmente, es preciso resaltar que, como todo el Caribe, la
República Dominicana sufre las terribles devastaciones de los ciclones tropicales, los huracanes, algunos de los cuales han arrasado la isla y han llegado a destruir la capital. Por la configuración de la Republica Dominicana el relieve y el tipo de clima, la cordillera Central es el nudo hidrográfico por excelencia. En su vertiente norte nacen los ríos Yuna y Yaque del Norte, que recorren el valle del Cibao, drenando a la vez hacia el océano Atlántico las aguas de las vertiente sur de la cordillera Septentrional. En la misma cordillera Central, pero en su vertiente meridional, nacen el Yaque del Sur, que atraviesa el valle de San Juan para terminar desembocando en el Caribe a través de la depresión de Enriquillo, y el Artibonito, que también desagua en el Caribe, pero en Haití (donde se le llama Artibonite). En el sector oriental de la cordillera Central nace el Ozarna, que bordea la ciudad de Santo Domingo. A estos ríos principales hay que unir una densa red de afluentes que van confluyendo a ellos desde todas las vertientes. y la serie de cursos subterráneos que discurren merced a la porosidad y disolución de la caliza como roca predominante. En cuanto a las áreas lacustres, Costa de la
República Dominicana sobre el mar Caribe. la más significativa es la representada por el lago Enriquillo, a 40 m por debajo del nivel del mar.
La vegetación en la Republica Dominicana responde, una vez más, a la orientación y estratificación altitudinal. Va desde el bosque tropical húmedo, con especies de maderas preciosas como la caoba, en las vertientes más húmedas, hasta las cactáceas y xerófilas en los valles peor regados, pasando por las sabanas y vegetación arbórea y arbustiva de pinos, robles, cedros, según los pisos altitudinales y la presión de la explotación forestal y de las actividades agropecuarias.
REPUBLICA DOMINICANA GEOGRAFÍA HUMANA. La población aborigen de la isla (taínos y caribes) se extinguió prácticamente en los primeros años de la colonización, víctima de las luchas de conquista, el trabajo y las enfermedades europeas. Hasta mediados del s. XIX apenas creció la población más que a base de la llegada de esclavos negros, de ahí el predominio de la población mulata. Se triplicó entre esa fecha y principios del s. XX, en que alcanzaba los 500000 h. Desde este momento su crecimiento ha sido exponencial, sobre todo a partir de los años 50, cuando se produjo un fuerte descenso de la mortalidad. El crecimiento es sobre todo vegetativo, porque las inmigraciones son escasas y quedan reducidas a las filtraciones de
haitianos que, bien se asientan próximos a la franja fronteriza, bien penetran como braceros para la recolección de la caña de azúcar instalándose en los barrios marginales de las grandes ciudades. La emigración, por su parte, se produce sobre todo hacia Estados Unidos. Así, pues, son los nacimientos, con tasas todavía altas, aunque reduciéndose ya de modo apreciable en las últimas décadas, los que producen tanto el crecimiento acelerado como el que casi la mitad de la población tenga menos de 15 años y que, en consecuencia, estemos hablando de una sociedad de niños, adolescentes y jóvenes. Por el lado opuesto, debido a esa extrema juventud y al desarrollo de las medidas higiénico-sanitarias, desciende rápidamente la mortalidad, situada por debajo de la media europea. Históricamente la población se ha acumulado en el valle norteño del Cibao, por su buen clima, su fertilidad y su aptitud agrícola; Santiago de los Caballeros es la indiscutible cabecera regional del N del país. La llanura sudoriental también tenía una alta acogida, aunque su menor precipitación dificultaba los cultivos de autoabastecimiento y especulativos; en ella se localiza Santo Domingo, la capital. En el resto del país, agreste o árido, según se consideren las altas montañas o los valles a sotavento, la población se reduce, tanto más cuanto más hacia el SO. En la actualidad el proceso de urbanización e industrialización,
la acumulación metropolitana y la tecnificación de la agricultura han hecho bajar la población hacia el S, hasta el punto de que en torno a la capital y su área metropolitana se asienta ya la cuarta parte de la población del país, proporción que se incrementa si se suma la de ciudades costeras importantes, como San Pedro de Macorís y La Romana. La mejor dotación de las ciudades intermedias y la conveniencia de aproximar la población a los servicios públicos, concentrados por las dificultades topo gráficas, ha aumentado el éxodo rural y explica el que hoy bastante más de la mitad de la población sea urbana. Asimismo, hay que destacar los intentos gubernamentales de repoblación de la frontera con Haití para evitar el fácil y frecuente paso de haitianos. Sociolaboralmente sigue siendo elevada la proporción de población ocupada en actividades agropecuarias y pesqueras,un tercio de la población activa; no llega al 20% la que se ocupa en actividades industriales y en torno a la
mitad está empleada en servicios, que, si en muchos casos son oficios marginales de la ciudad, cada vez van siendo más los puestos de trabajo generados por el turismo.
La lengua de los dominicanos es el español (castellano) y el catolicismo, la religión dominante (en torno al 90%), con activas minorías protestantes en expansión; hay libertad de cultos. Organización política. La Constitución aprobada en 1966 establece que la
República Dominicana es un estado independiente, con un goberno civil, republicano, democrático y representativo. El poder ejecutivo 10 ejerce el presidente de la República, elegido por mayoría de votos directos cada cuatro años. El poder legislativo reside en el Congreso Nacional, parlamento bicameral compuesto por el Senado (un senador por provincia) y la Cámara de Diputados (un diputado cada 50000 habitantes o fracción de más de 20000); diputados y senadores son también elegidos por sufragio universal cada cuatro años. El poder judicial reside en la Corte Suprema de Justicia como órgano máximo.
El territorio de la Republica Dominicana está dividido en 97 municipios, agrupados en 30 provincias (incluido el Distrito Nacional). En cada provincia hay un gobernador civil y cada municipio está regido por el concejo, elegido por voto directo cada cuatro años y que a su vez nombra al alcalde.
REPUBLICA DOMINICANA, GEOGRAFÍA ECONÓMICA
El señuelo de la colonización española de la isla fue el oro, pero los yacimientos encontrados se agotaron pronto, de ahí el paso rápido de los colonizadores a otras Antillas, como Cuba, y la introducción en La Española de la caña de azúcar. Este producto, junto con el café, cacao, tabaco y bananas, han sido después la base de la economía dominicana, y siguen siéndolo. A ellos se ha ido sumando progresivamente el despertar minero, apoyado en la inversión extranjera; la reactivación industrial, aunque centrada en las llamadas zonas francas, cuyas plusvalías no quedan en el país; y sobre todo el turismo, que en las últimas décadas ha pasado a ser uno de los capítulos más importantes de ingresos en la muy deficitaria balanza de pagos dominicana. Actividad agropecuaria. Las tierras de cultivo representan casi un tercio del territorio de la
Republica Dominicana. Dentro de este espacio hay que distinguir, por una parte, la superficie dedicada a un minifundismo con cultivos para la auto subsistencia y para el mercado interior (tales como arroz, en expansión gracias al regadío, frijoles, patatas, mandioca, batatas, yuca y frutas), localizado en las zonas más húmedas y fértiles, pero inaccesibles y aisladas por el relieve, a las que se suman algunos sectores del valle del Cibao. Por otra, los grandes latifundios, explotaciones de cultivos para la exportación. De entre éstos destaca la caña de azúcar, tradicionalmente cultivada en la gran llanura sudoriental y en la Vega Real, que se amplía en la actualidad hacia el SO gracias a la costrucción de embalses y los nuevos planes de regadío. El bloqueo estadounidense a Cuba abrió el gran mercado del N al azúcar dominicano, pero la caída de los precios a finales de los años 70 produjo la paralización del crecimiento y el deterioro de su economía. Ante esta crisis se intensificaron las inversiones en otros cultivos y en otros sectores económicos. Café, cacao, tabaco y bananas se expandían por las laderas bajas y húmedas de las montañas, sobre todo del Cibao, alternando en el espacio con las explotaciones de autoconsumo; en el tabaco, los cigarros puros de la Republica dominicana han sustituido a los habanos cubanos en el mercado de Estados Unidos, debido al bloqueo de este país a Cuba.
La ganadería ocupa las sabanas y las vertientes y valles más secos y po bres menos aptos para la agricultura, pero cuya extensión es mayor que la de las tierras agrícolas, un tercio de la superficie nacional. Destacan las cabañas de vacuno, porcino y caballar.
Mineria e industria. Los minerales constituyen el segundo capítulo de las exportaciones del país. Destacan las minas de bauxita, localizadas al S de la sierra de Baoruco, en Pedernales aunque, por razones económicas, inactivas desde 1992-; de níquel y hierro, centradas en Bonao; y una de oro y plata en Pueblo Viejo, mina considerada alguna vez como una de las más rentables del mundo. A ellas se unen yacimientos menos importantes de cobre, cinc, sal y yeso.
La industria adolece de falta de productos energéticos, que deben ser todos importados. Se produce energía termoeléctrica en Itabo e hidroeléctrica en Bonao y otros puntos de los principales cursos fluviales, cuyas aguas poco a poco se van embalsando. La euforia de los años 60 y 70, gracias a los altos precios de venta en las exportaciones de caña, café y bauxita, permitió emprender proyectos de desarrollo para transformar los productos agropecuarios y evitar al máximo la pérdida de plusvalías y de divisas por importación de manufacturas. De esta forma se crearon grandes centrales azucareros en La Romana, Santo Domingo, San Pedro de Macorís, Haina y Puerto Plata. En los más importantes, además de azúcar, se obtiene ron, alcohol y derivados del bagazo.
A estas industrias hay que añadir las de carácter más tradicional, algunas de las cuales ya existían antes de los años 60 (muchas eran propiedad de los Trujillos) y otras se han abierto posteriormente: textiles, calzado, conservas,
papel, bebidas, abonos, cemento y plásticos, repartidas en general en todo el sector costero meridional, y en Santiago de los Caballeros y Puerto Plata en el N. Mención aparte merecen las zonas francas, polos industriales libres de impuestos y derechos aduaneros, que dejan en el país puestos de trabajo y algún consumo de productos locales. Las principales son La Romana, San Pedro de Macorís, Santiago de los Caballeros, Haina, San Cristóbal y Puerto Plata. Sus producciones van, desde una refinería de petróleo en Haina, hasta textiles finos y elementos sobre todo eléctricos y electrónicos, cuyo mercado está sobre todo en Estados Unidos.
Turismo y transporte. El turismo se ha convertido en una de las alternativas económicas más rentables del país. Los turistas que lo visitan suponen unos importantes ingresos en divisas y mantienen muchos miles de empleos. Los tres principales inconvenientes del sector estriban, en primer lugar, en que no son sólo el estado, a través de la agencia Infratur, o empresas privadas dominicanas los que obtienen los beneficios turísticos, sino que existen empresas internacionales que operan como las zonas francas industriales, de tal manera que, si bien la infraestructura corre por su cuenta, convirtiéndose en enclaves foráneos en la republica dominicana, también son suyos todos los beneficios,
dejando únicamente empleos y salarios (el caso más significativo es el de La Romana); en segundo lugar, en la falta de infraestructuras para extender los beneficios turísticos más allá de la costa; en tercero, en la carencia de una compañía aérea internacional de envergadura, con lo que los beneficios de los fletes se pierden.
Todo este conjunto territorial se articula entre sí y con el exterior con una red de comunicaciones terrestres, aéreas y marítimas. El eje viario principal forma una T invertida cuyo punto de confluencia es Santo Domingo. El eje S-N es la carretera Duarte, que enlaza Santo Domingo con Santiago de los Caballeros y a ésta con Monte Cristi y Puerto Plata. El eje centro-este une Santo Domingo con San Pedro de Macorís y a ésta con La Romana. El eje centro-oeste une la capital con Barahona. Redes secundarias enlazan las principales ciudades, sobre todo las costeras, entre sí, puesto que el cruce de las montañas impone servidumbres técnicas y económicas elevadas, y por tanto la comunicación se establece en muchos casos sólo a través de pistas forestales. El ferrocarril dominicano, por su parte, se dedica al enlace de las explotaciones agrícolas con los centrales azucareros o con los almacenes y puertos de exportación.
En el litoral meridional, donde se acumula la actividad económica, abundan los puertos; Haina y Santo Domingo son los mayores. Los puertos azucareros por excelencia son Barahona, San Pedro de Macorís, La Romana y Puerto Plata, que también exportan otros productos agrarios. El puerto minero es el de Cabo Rojo, en Pedernales. En cuanto al tráfico aéreo, el principal aeropuerto es el internacional de Las Américas, en Santo Domingo, al que se unen como internacionales los de La Romana, Puerto Plata y Santiago. En los puntos claves del turismo han proliferado los aeródromos para tráfico interior, repartidos por la costa. Algunos de los grandes cañaverales tienen sus propios aeródromos.
DESARROLLO CULTURAL DE LA REPUBLICA DOMINICANA
Dadas las indudables interrelaciones y paralelismos que se advierten en el desarrollo cultural de los países hispanoamericanos, nos ha parecido oportuno tratar los diferentes aspectos de su vida cultural en artículos globales, donde, además de dedicar atención particular a cada país, se le inserta en ese gran ámbito histórico y geográfico que llamamos Hispanoamérica.
HISTORIA DE LA REPUBLICA DOMINICANA
los indígenas precolombinos. Los indígenas de más bajo nivel de civilización a la llegada de Colón eran los «ciguayos», confinados en las zonas montañosas del NE, posible resto de los primeros pobladores de la isla. Los más importantes pobladores eran los «tamos» (nombre dado a los arauacos establecidos en Haití), que vivían de la pesca, la recolección de los productos silvestres y el cultivo de la yuca con otros productos más secundarios (batata, maíz y algodón). Los caribes, aunque no habían conseguido instalarse de forma permanente, hacían frecuentes incursiones en las comarcas orientales y eran muy temidos por su ferocidad.
Primera tierra colonizada de América. Cuando Colón llegó a las islas del continente americano, los arauacos recogidos en Cuba le indicaron la existencia de una gran isla más al oriente, denominada Haití, Bohío o Quisqueya. Influido por ellos, puso rumbo en la dirección expresada y el día 5 de diciembre de 1492 llegaba su flota frente a las costas de la isla, a la que denominó La Española. Siete días después desembarcaba para tomar posesión de la tierra recién descubierta en nombre de la corona española. Durante todo el mes de diciembre reconoció la costa septentrional hasta la bahía de Samaná. Cuando pensaba regresar a España sobrevino el naufragio de la Santa María y, ante la imposibilidad de regresar todos en las dos naves restantes, decidió construir un fuerte que denominó Navidad y cuyo emplazamiento sería posiblemente la bahía de Caracoles, situada unos 20 km al E de la actual ciudad de Cap-Haitien. La destrucción de dicho fuerte por los caciques indígenas Caonabo y Guacanagari obligaría a Colón, en su segundo viaje, a recomenzar su obra colonizadora con la fundación de La Isabela el 7 de diciembre de 1493, al E de la actual Montecristi.
En los finales del s. xv y primera mitad del XVI, la isla de Santo Domingo se convirtió en el primer foco de la colonización española, pese a los desórdenes originados por el primer ensayo colonizador en el continente americano.
La colonización comenzó a prosperar en la costa septentrional y en el valle de la Vega Real, donde se fundaron varias poblaciones. A finales del siglo la colonización alcanzó las regiones meridionales con la fundación de Santo Domingo (6 agosto 1496), llamada en principio Nueva Isabela. La inexperiencia de los hermanos Diego y Bartolomé Colón, a los que el Almirante había dejado el gobierno de La Española, motivó numerosas revueltas que obligaron a los Reyes Católicos a enviar primero a Juan Aguado y después a Francisco de Bobadilla para que informasen de la situación. En 1500 los hermanos Colón fueron enviados a España por Bobadilla y, si bien fueron rehabilitados por los reyes, se encomendó el gobierno de La Española a Nicolás de Ovando, que permaneció en el cargo de 1502 a 1509. Ovando intensificó la colonización y la penetración en el resto del mundo antillano partiendo de Santo Domingo, comenzó la explotación de las minas de oro, organizó las «encomiendas» de los indígenas, por las que se les obligaba al trabajo en minas y plantaciones, envió expediciones a las comarcas americanas próximas. Las insurrecciones indígenas fueron constantes en estos años por los abusos de los encomenderos; entre ellas destaca la del caudillo Enriquillo, que sólo cesó cuando Carlos V, por Carta Real, le reconoció como cacique de la isla. La Española alcanzaría, a pesar de su agitación interior, un esplendor inusitado: primera audiencia y primer hospital de América en 1511, primera Universidad en 1538 y primer arzobispado en
REPÚBLICA DOMINICANA,
En la segunda mitad del s. XVI y a lo largo del s. XVII la isla decayó visiblemente. A esta decadencia contribuyeron causas diversas, pero en especial la atracción de las extensas y ricas tierras continentales que motivaron la emigración de muchos colonos. La desaparición de la raza indígena por su inadaptación al sistema del duro trabajo colonial y por los abusos de muchos encomenderos motivó la importación de esclavos negros, con los que no se consiguió reanimar la vida colonial. Agotados sus placeres auríferos, decadente su agricultura y prácticamente despoblada, la isla se convirtió en presa codiciada de los piratas franceses, ingleses y holandeses. Una de las incursiones más peligrosas fue la efectuada en 1586 por Drake, que terminó con el saqueo de Santo Domingo. Estos ataques culminan en 1625 con la toma de la isla de la Tortuga por piratas de varias nacionalidades. Desde dicha isla comenzaron las incursiones en el O de La Española. En 1655 la ciudad de Santo Domingo fue atacada por un ejército inglés al mando de Penn y Venables, que, aunque fueron rechazados por el conde de Peñalva, consiguieron apoderarse de la isla de Jamaica.
Escisión de la unidad insular. Desde la toma de la isla de la Tortuga los franceses habían ido estableciendo algunas colonias en la parte occidental de la isla, colonias que fueron reconocidas por España en el Tratado de Ryswick (1697), por el que Francia entraba en posesión del tercio occidental de la isla de Santo Domingo. A partir de este momento dichas porciones, entre las que apenas había habido diferencias, comenzaron a individualizarse de tal forma que al término de un siglo constituían dos naciones muy diferentes. En la zona francesa se importaron negros en forma masiva para ampliar la agricultura de plantación. En la parte española el número de negros fue mucho más reducido y la actividad económica se orientó a la ganadería extensiva para el abastecimiento de carne a las plantaciones francesas.
La escisión de la unidad insular trajo además un grave peligro para la zona española; la población negra de la zona francesa creció considerablemente hasta cuadruplicar a sus vecinos a finales del s. XVIII, amenazando con su presión demográfica la despersonalización de la colonia española. Este peligro se hizo evidente desde 1795, en que la isla fue cedida por España a Francia en el Tratado de Basilea. La primera invasión haitiana (1801) corrió a cargo del caudillo negro Toussaint Louverture, que a raíz de la abolición de la esclavitud por obra de la Revolución Francesa se había adueñado del poder. Un ejército enviado por Napoleón en 1802 logró reconquistar la parte española; la independencia de la francesa quedó reconocida en 1804. Al saberse la invasión de la Península por los franceses, los hispano-dominicanos comenzaron un movimiento de reconquista, que culminó con la derrota francesa en Palo Hincado (1808). La Junta de Sevilla nombró capitán general e intendente de Santo Domingo a Juan Sánchez Ramírez, caudillo del movimiento liberador.
Independencia. El 1 de diciembre de 1821, José Núñez de Cáceres proclamó la independencia de la parte española de la isla. La nueva República se llamó Estado Independiente del Haití Español, dentro del marco de la llamada Gran Colombia y bajo la protección de Bolívar. La invasión del territorio por Haití en 1822 sumió al nuevo estado en una dura opresión; además de la represión política se cerró la Universidad y el castellano estuvo prohibido. En 1833 Juan Pablo Duarte organizó un movimiento independentista denominado «La Trinitaria» que el 17 de febrero de 1844 asaltó los cuarteles haitianos obligando a las fuerzas negras a rendirse y abandonar el país. Quedó así proclamada por segunda vez la independencia dominicana, en esta ocasión bajo elliderazgo de Pedro Santana. Sin embargo, la restaurada
república dominicana siguió sufriendo los embates del expansionismo haitiano, lo que unido a la crisis económica generalizada, que venía padeciendo desde hacía largo tiempo, condujo a que se llegase a ofrecer a España el protectorado, en 1855, pero la antigua metrópoli rechazó. A pesar de esta negativa, y ante la continuación del caos interno y de las amenazas por parte del vecino occidental, se siguió pensando que la restauración de la soberanía española podía ser un instrumento eficaz para consolidar la nacionalidad. Tras nuevas gestiones en Madrid, el país (
Republica Dominicana) quedó por fin reincorporado a la corona de España en 1861.
Las esperanzas depositadas en la vuelta al viejo orden colonial pronto se vieron defraudadas: no sólo no se pacificó la frontera, sino que ahora Haití comenzó a apoyar a los nuevos grupos clandestinos que, al poco tiempo, iniciaron la lucha contra los españoles, grupos dirigidos por Cabral, Báez, Luperón y otros. En 1863 Cabrera y Monción se sublevaron y llegaron a proclamar la república, aunque fueron rápidamente reprimidos. Por último, en 1865, ante la continuación del clima de inestabilidad, las Cortes españolas aprobaron la evacuación de la isla y reconocieron la independencia de Santo Domingo. Pero la progresiva injerencia de Estados Unidos llegó al extremo de que bajo la presidencia de Carlos Morales se cedió a los norteamericanos el control de las aduanas. Como los levantamientos militares fueron el sistema generalizado de toma del poder y sustitución de presidentes, la inestabilidad política de la Republica Dominicana impidió toda resistencia frente al desembarco de tropas norteamericanas que, en 1916 y con el pretexto de deudas impagadas, ocuparon el territorio, abolieron las libertades y controlaron la hacienda y las aduanas hasta 1924, en que terminó la ocupación. El 23 de febrero de 1930 un movimiento popular obligó a dimitir al presidente Horacio Vázquez, sustituido por Rafael Estrella hasta la celebración de elecciones. En ellas fue elegido, el 30 de mayo siguiente, Rafael Leónidas Trujillo , con quien inicia una etapa nueva y de larga duración la República, pues ya no abandonó realmente el poder hasta su asesinato en 1961. Este militar, en efecto, dominará firmemente al país durante un tercio de siglo, si bien en diversos períodos cederá de modo formal la suprema magistratura a su hermano Héctor o a otros políticos de su total confianza, entre ellos el que luego sería presidente entre 1966 y 1978, y de nuevo desde 1986, Joaquín Balaguer.
La era Trujillo. La familia Trujillo llevó a la práctica una política dictatorial, en la que la corrupción en todas las esferas de la vida social era manifiesta, con supresión de cualquier conato de verdadera oposición política. La omnipresencia de los Trujillos en la vida dominicana era total, hasta el punto de que tanto la capital del país como algunas provincias del mismo recibieron nuevos nombres para honrarlos; por ejemplo, la capital, Santo Domingo, pasó a llamarse Ciudad Trujillo , y el dictador Rafael Leónidas Trujillo fue honrado con títulos tan redundantes como el de Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva. Un atentado en 1961 causó la muerte de Truiillo, a lo que siguieron graves desórdenes entre los grupos que querían la continuidad del régimen y aquellos que luchaban por una renovación completa, encaminada a la creación de un sistema democrático.
A Trujillo le sustituyó inmediatamente Joaquín Balaguer, pero el 18 de enero de 1962 se hizo cargo del gobierno provisional Rafael Bonelly, hasta la celebración de nuevas elecciones. Éstas dieron el triunfo a Juan Bosch, primer presidente elegido libremente después de 38 años, que tomó posesión de su cargo el 1 de enero de 1963. Corto fue su mandato, puesto que en el mes de septiembre del mismo año fue derrocado por un golpe militar que entregó el poder a un triunvirato presidido por Donald Reid Cabral, que suspendió la Constitución. El 25 de abril de 1965 un golpe militar de los seguidores de Bosch, encabezado por el coronel Francisco Caarnaño, depuso a los triunviros, prometiendo el regreso del presidente constitucional y la celebración de elecciones libres. Parte del ejército no aceptó la nueva situación, con lo que se desencadenó una corta guerra civil, que acabó propiciando la presencia en la
Republica Dominicana de 14000 soldados norteamericanos con el pretexto de proteger a los ciudadanos estadounidenses y de «evitar otro estado comunista en el hemisferio». El 31 de agosto de 1965 se firmó un Acta de Reconciliación Dominicana y se designó como presidente provisional a Héctor García Godoy.
La era Balaguer. La situación continuó tensa, con disturbios, atentados y huelgas, hasta las elecciones de 1966, que llevaron de nuevo a la presidencia a Joaquín Balaguer, reelegido luego en 1970 y 1974. Su personalización del poder y el hecho de haber comenzado su carrera política en el trujillismo le hacían poco acorde con la política practicada por el entonces presidente norteamericano, partidario de graduales aperturas políticas en todo el continente. En las elecciones de 1978 triunfó el candidato del opositor Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Antonio Guzrnán, quien tomó posesión del cargo el día 16 de agosto. Un mes antes de culminar su mandato, Guzmán se suicidó (julio 1982), por lo que durante ese breve intervalo ostentó la presidencia el vicepresidente, Jacobo Majluta. Los comicio s de 1982 llevaron al poder a Jorge Salvador Blanco, también del PRD. La profunda crisis económica en la Republica Dominicana provocó durante el mandato de Blanco disturbios callejeros y graves protestas por las medidas de austeridad propiciadas desde el Fondo Monetario Internacional (FMl), con el fin de detener la inflación y reducir la deuda externa.
Las elecciones de la Republica Dominicana en 1986, después de un controvertido y lento recuento de votos, dieron la victoria a Joaquín Balaguer, quien de este modo llegaba a la presidencia de la República por quinta vez. Consiguió la condena a 20 años de cárcel de su antecesor, el expresidente Blanco, acusado de fraude y malversación de fondos durante su mandato presidencial (1982-86). Las elecciones de 1990 confirmaron a Balaguer en el cargo por sexta vez. Sin embargo, la contestación popular por las duras medidas de austeridad y el alza de los precios en los artículos de primera necesidad se hizo especialmente notoria en octubre de 1992, con ocasión del fastuoso derroche desplegado para recibir al papa Juan Pablo Il,que visitaba el país para conmemorar el V Centenario de la llegada de Colón y la subsiguiente evangelización de la isla, con un abusivo consumo de energía eléctrica en el monumental Faro de Colón, entonces inaugurado, mientras la
Republica Dominicana vivía en medio de duras restricciones energéticas. En mayo de 1994 tuvieron lugar unos controvertidos comicios presidenciales, oficialmente ganados una vez más por el octogenario e invidente Balaguer. El candidato del PRD, Juan Francisco Peña, alegó un fraude masivo, opinión compartida por muchos observadores internacionales y por la administración estadounidense del presidente Clinton. Tras una prolongada incertidumbre. Balaguer y Peña alcanzaron un acuerdo en agosto, luego oficializado en el Parlamento, por el cual aquél se mantendría en la presidencia sólo dos años, hasta 1996, renunciando a volver a presentarse como candidato.
En aplicación del acuerdo, en mayo de 1996 se celebró en La Republica Dominicana la primera vuelta de los anticipados comicios presidenciales, en la que Peña quedó el primero (45% de los votos) y el centrista Leonel Fernández, segundo (38 %). Sin embargo, en la segunda vuelta, el 30 de junio siguiente, se invirtió la situación y Fernández logró rebasar la barrera del 50%, con lo que en julio se convirtió en nuevo presidente dominicano, cerrando la larga etapa Balaguer.
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