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MARRUECOS País de rico y agitado pasado, en una de las regiones más conflictivas de África: el Magreb.
MARRUECOS, en árabe al-Maghrebia, Reino del extremo NO de África, bañado a la vez por el mar Mediterráneo (en 537 km, al N) y el océano Atlántico (en 2446 te, al O), ambos enlazados por el estrecho de Gibraltar en o: extremo septentrional del país. Este brazo de mar lo separa de España apenas unos 13 km, por lo cual Marruecos es el país africano más próximo al continente europeo: Al E y SE posee una larga frontera con Argelia (1350 Km) mientras que en el extremo S el paralelo 27° 40 N establece una rectilínea frontera con el Sahara Occidental Sahara Español), de unos 450 km; en la costa mediterránea de Marruecos encuentran enclavadas las plazas de soberanía española de CEUTA y MELILLA. En el presente artículo no se computa como parte del reino de Marruecos al Sahara Occidental, a pesar de que sus fuerzas lo ocupan desde la retirada de la administración española (febrero 1976).
Marruecos tiene 458730 km2 y unos 26 millones de habitantes; su capital es Rabat. La población de Marruecos es de estirpe predominantemente árabe, pero con perceptibles huellas africanas (negras); aparte, hay una importante minoría beréber.
Árabe e islamismo son la lengua y la religión oficiales, respectivamente. Políticamente, el Reino de Marruecos tiene la consideración formal de monarquía constitucional, con pluralidad de partidos, si bien en la práctica la realidad del poder se halla de modo firme bajo el control directo del soberano, Hassan. Económicamente, constituye un país subdesarrollado dependiente en lo esencial de la agricultura, el turismo y la minería.
MARRUECOS - GEOGRAFÍA FÍSICA
Desde el punto de vista biogeográfico, Marruecos está inmerso en el ámbito mediterráneo, debido a la amplitud de sus fachadas marítimas, aunque estas condiciones se van modificando hacia el E y el S por la altitud, la continentalidad y el descenso en latitud, hasta alcanzar características desérticas en sus confines territoriales. Orografía. El relieve de Marruecos está caracterizado por una serie de alineaciones montañosas alpinas que forman el borde norteño de la gran placa tectónica continental africana. Estas cordilleras, que se prolongan por el E hacia Argelia y Túnez, presentan caracteres morfológicos semejantes a los de Sicilia y el S de la península Ibérica. Se dividen en dos conjuntos, a saber, el Rif y el Atlas. La cadena jurásica del Rif, en el extremo septentrional, describe un arco a lo largo del litoral mediterráneo, entre el estrecho de Gibraltar y la depresión del río Muluya, alcanzando su máxima altitud, cerca de Ketama, en el pico Tidiguín (2455 m). Por su proximidad al Mediterráneo Marruecos, da origen a unas costas abruptas y elevadas, de difícil acceso desde el interior, por lo que las poblaciones rifeñas de Marruecos han permanecido tradicionalmente ancladas en sus montañas, sin apenas relación con ese mar tan cercano, pero tan poco accesible. Además, los puertos rifeños de Marruecos más favorables, aparte de Tánger, están bajo soberanía española (Ceuta y Melilla), disponiendo Marruecos de los de Alhucemas (Al Hoceima), puerto pesquero, y Nador, próximo a Melilla. El conjunto del Atlas está separado del anterior por el corredor de Taza, una estrecha llanura, antiguo brazo marino, a través de la cual se canalizó históricamente el avance árabe hacia las llanuras costeras atlánticas y actualmente fluyen las comunicaciones carretera y ferrocarril entre Argelia y Marruecos, pues pone en contacto el país vecino con la llanura costera aluvial del Gharb (Occidente), recorrida por el río Sebú (o Sébou). El Atlas se divide en tres cordilleras paralelas, aunque relacionadas, de dirección SO-NE: Atlas Medio, Alto Atlas y Anti-Atlas. El Atlas Me­dio, al S del corredor de Taza, alcanza sus máximas alturas en su parte oriental (Bou Nasser, 3340 ó 3354 m), desde donde cae abruptamente sobre la amplia depresión recorrida por el río Muluya, aunque por el O de Marruecos desciende en suaves estribaciones hacia las mesetas de los fosfatos y las llanuras de Chauia (Casablanca), Dukkala (El Jadida) y Abda (Safi). La cadena del Atlas Medio se encuentra violentamente fragmentada por los escarpados y estrechos valles que forman los ríos de las cuencas del Sebú y el Um erRbia. El Alto Atlas, la más majestuosa de las cordilleras norteafricanas, tiene una anchura de 70 km y una longitud de 800, desde la costa atlántica (cabo Ghir y ciudad de Agadir) hasta que se diluye en elevadas mesetas, restos del zó­calo antiguo, y pequeñas alineaciones montañosas que se prolongan hacia territorio argelino (Atlas Sahariano). Alcanza su punto culminante en el Toubkal (4165 m, la altura máxima de Marruecos) y en el Ighil M goun (4071 m), aunque varias cimas más superan los 3500 m. Se trata de una montaña antigua violentamente rejuvenecida, de cimas y crestas majestuosas y valles estrechos y profundos que provocan un contraste muy acentuado entre las llanuras horizontales de las zonas altas y los escarpes de las vertientes. A los pies de su vertiente septentrional, en la llanura aluvial de Hauz, recorrida por el río Tensift y cerrada al N por los pequeños montes Djeb ilet (máxima altura, 1060 m), prolongación occidental del Atlas Medio, se halla la ciudad imperial de Marrakech, rodeada de palmerales y jardines. El Anti-Atlas, separado del anterior por la llanura de Sus (o Sous), regada por el río homónimo y abierta hacia el océano al S de Agadir, es de una altitud sensiblemente menor (cimas en torno a los 2000 m) y sus puntos culminantes se encuentran en la zona de contacto con la alineación anterior (Sirua, 3304 m). Se trata del zócalo precámbrico africano levantado por los plegamiento s alpinos durante la era terciaria. Las citadas alineaciones montañosas, que forman el núcleo geomorfológico de Marruecos, dan paso a mesetas y llanuras de relativa extensión y gran importancia humana y económica, pues gozan de múltiples posibilidades agrícolas, sobre todo la del Gharb, por la abundancia de lluvias. Las nororientales, regadas por el Muluya, y las atlánticas, al S de Casablanca, padecen problemas de sequedad, pero la existencia de cursos fluviales alimentados por las nieves del Atlas (Muluya, Um er-Rbia, Tensift y sus afluentes) permite el desarrollo del regadío. En las planicies meridionales y sudorientales de Marruecos (Sus, Draa y Tafilelt), son de clima árido, el aprovechamiento agrícola se limita a las posibilidades de riego aportadas por los ríos estaciona les que descienden de las montañas.
Marruecos- Hidrografía. El sistema hidrográfico de Marruecos es el más denso del Magreb, debido a las precipitaciones y a la acumulación de nieve en las cordilleras, que dan lugar a ríos de relativa importancia, sobre todo en la vertiente atlántica. El Sebú (o Sébou, caudal medio de 300-400 m3!s), que nace en el Atlas Medio, pasa por Fez y desemboca cerca de la ciudad de Kénitra, regando con sus meandros la llanura del Gharb. Más al S, el Bou Regreg baña Rabat en su desembocadura. El Um er-Rbia (u Oum er Rbia) es el más cau­daloso y regular (1600 m3!s de media). Nace también en el Atlas Medio y recorre zigzagueante la llanura de Chauia, al S de Casablanca. Su curso es de unos 600 km. En posición meridional respecto a los anteriores, otros ríos, nacidos en el Alto Atlas (Tensift y Sus o Sous), son mucho más irregulares y sufren un acusado estiaje, llegando a secarse en verano. Mención especial merece el río Draa, nacido en la vertiente este del Alto Atlas en Marruecos y orientado en principio hacia el desierto, donde pierde su caudal por el regadío, la evaporación y las filtraciones. Su cauce seco, dando un giro radical, se orienta entonces, por el S del Ami-Atlas, hacia el Atlántico, en cuyas proximidades reaparece, aunque con carácter irregular. Su recorrido casi alcanza los 1000 km. Todos los ríos de la vertiente sahariana del Atlas en Marruecos (Rheris, Ziz y Guir) son estacionales y se secan en verano. Sus cauces se internan y desaparecen en el desierto, ya en territorio argelino, en cuencas endorreicas donde se forman lagos salados (chotts y sebkhas ) también estacionales. Mujeres rifeñas con sus atuendos tradicionales. La invasión árabe arrinconó a la población autóctona en las montañas de Marruecos. La vertiente mediterránea dispone de un solo río importante de unos 450 km de curso, el Muluya, que nace en las laderas meridionales del Atlas Medio, aunque recibe también aguas del Alto Atlas. A pesar de su gran irregularidad mantiene un curso constante y se aprovecha intensamente para el riego.
Marruecos- Clima y vegetación. Las características climáticas están fuertemente condicionadas por toda esa diversidad estructural. Al N y al O de las elevadas montañas del Alto Atlas y del Atlas Medio se da un clima de tipo mediterráneo similar al de gran parte de la península Ibérica, salvo en que el verano es aquí mucho más cálido. Las lluvias se producen durante el invierno, a causa de las borrascas atlánticas que penetran entre octubre y mayo; su intensidad disminuye hacia el S y el E. Las mayores precipitaciones en Marruecos por encima de los 800 mm anuales, se producen en el Rif occidental y en el Atlas Medio, mientras que los valles del Muluya y el Sebú, los altiplanos occidentales y las Llanuras costeras reciben entre 400 y 800 mm. En las partes mas elevadas del Atlas en Marruecos, las condiciones mediterráneas se modifican, aumentando las precipitaciones invernales. A menudo en forma de nieve, y disminuyendo considerablemente las temperaturas, sobre todo en los meses invernales. Al S y al SE del Alto Atlas se halla ya un clima estepario, con escasas lluvias invernales y sequía prolongada aislado de las influencias marítimas por las altas montañas Aquí, la escasez de las precipitaciones (siempre por debajo de los 250 mm) y las elevadas temperaturas impiden el desarrollo de cultivos pluviales, centrándose su vocación agraria en la ganadería trashumante y la agricultura de regadío a lo largo de los ueds o uadis (ríos de curso estacional).
La vegetación de Marruecos varía entre la precariedad y estacionalidad de las estepas trans-atlásicas -hierbas duras y matorrales espinosos- y la abundancia de especies arbóreas de las regiones húmedas, donde aparece el bosque perennifolio de árboles de madera dura; por ejemplo, los bosques de cedros del Atlas Medio, por encima de Azrú e Ifrán, entre los 1300 y los 2500 m de altitud, o el bosque de alcornoques de Mamara, de 137000 ha de extensión. En la llanura del Gharb. También abundan la encina el pino carrasca y el pino piñonero. Los bosques de Marruecos son raros abiertos y con escaso grado de cobertura. Como resultado de la degradación producida por la acción antrópica, aparece el monte bajo de arbustos (maquis o garr iga), En zonas mediterráneas de Marruecos menos húmedas hace su aparición la estepa, con especies como el azufaifo y la palmera enana. En las montañas más elevadas de Marruecos, entre el límite de crecimiento de los árboles y la zona de nieves perpetuas de las cimas, se desarrolla la tundra alpína, con plantas herbáceas adaptadas al frío y a la humedad.
MARRUECOS - GEOGRAFÍA HUMANA
La población de Marruecos se divide en dos grandes grupos étnicos. Árabes  y beréberes. Los segundos, minoritarios (una cuarta parte), son los descendientes de la población autóctona norteafricana, sobre la que se impuso (s. VII) la dominación árabe, que implantó la religión musulmana y el idioma árabe. La conquista fue arrinconando a la población nativa hacia las regiones más inhóspitas y montañosas (Rif, Atlas. ocupando los invasores las más favorables económicamente (las llanuras) y dando origen a un reparto territorial que. en general, se mantiene en la actualidad. Tanto árabes como beréberes son de religión musulmana sunnita (del rito malekita); el islam es religión oficial.
Anteriormente, los judíos formaban un contingente apreciable, demográfica y económicamente. Todas las ciudades de marruecos de cierta entidad albergaban su mellah (barrio judío) una de ellas ha sido admirablemente descrita por Elías Canetti en Voces de Marrakech. Sin embargo, desde mediados del s. xx la gran mayoría han emigrado al Estado de Israel, donde superan el medio millón de personas (con sus descendientes), mientras que en Marruecos sólo permanecen unos 30000 judíos, la mayoría ya de edad. En carácter muy minoritario tiene también la población negra, formada por los descendientes de los esclavos, soldados y concubinas traídos desde los países de África occidental, al otro lado del Sahara. Actualmente se encuentran muy mestizados con árabes y beréberes y se asientan preferentemente en las regiones sureñas.
De acuerdo con lo anterior, las dos lenguas más habladas son el árabe y el beréber, con claro predominio de la primera (dos tercios de la población). Un cuarto de los marroquíes hablan el beréber; los berberófonos se dividen en tres grupos, cada uno con su propio dialecto, uno rifeño y los otros dos atlásicos tamazigts, en el Atlas Medio y parte nororiental del Alto Atlas, hasta Marrakech, y chleuhs, en el Alto Atlas al S de Marrakech y en el Anti-Atlas-.
Además, el francés goza de una amplísima difusión, mientras que el español aún tiene alguna presencia en el extremo norte y en Ifní.
Distribución especial. El reparto territorial de la población en Marruecos se halla fuertemente condicionado por el medio físico y la actividad económica. La población rural en Marruecos es elevada, ligeramente más de la mitad, como corresponde a un país poco industrializado, en el que la actividad agrícola sigue siendo la principal fuente de empleo (dos quintos de la mano de obra). En tal sentido, la población rural de Marruecos se concentra en las zonas de clima mediterráneo llanuras costeras, mesetas  occidentales y montañas medias del Rif-, donde las posibilidades agrícolas son mayores. Las zonas más despobladas, por tanto, son las interiores, alejadas de las costas, de las que las separan las cadenas del Atlas, y las meridionales, al S de Agadir, inmersas en el área desértica.
Las ciudades más importantes de Marruecos, que forman una tupida red urbana, se articulan a 10 largo de dos ejes bien comunicados. El más importante se localiza a lo largo de la costa atlántica, en sentido N-S, desde Tánger hasta Safi, aunque podemos considerar como una prolongación del mismo las ciudades de Tetuán-Larache, en el Rif, próxima a los puertos de Tánger y Ceuta, y Marrakech, situada en el interior, a 150 km de la costa, junto a los contrafuertes del Alto Atlas, bien comunicada con Casablanca, la auténtica metrópoli marroquí en tanto que ciudad más poblada y dinámica del país. El núcleo de este eje está formado por Casablanca-Mohammedia, Rabat-Salé y Kénitra, que reciben bastante más de la mitad de todo el flujo migratorio interior. Un eje secundario, perpendicular al anterior, de dirección O-E, pone en comunicación la región costera atlántica marroquí con el N de Argelia, la zona más poblada y urbanizada del país vecino. Se extiende a lo largo del corredor de Taza y la llanura del río Muluya, que separan los sistemas montañosos del Rif y el Atlas, y acoge importantes ciudades como Fez, Oujda y Mequínez, mucho menos dinámicas que las del eje anterior, aunque el incremento de las relaciones inter-magrebíes tenderá a reforzar su papel canalizador de las relaciones con Argelia.
Marruecos- Dinámica demográfica. Uno de los fenómenos demográficos más importantes de Marruecos en las últimas décadas ha sido la masiva emigración desde las zonas rurales a las urbanas, en cuyas periferias se hacina una quinta parte de la población total de Marruecos, en barrios de autoconstrucción precarios y casi desprovistos de cualquier tipo de infraestructura. Este tipo de hábitat abunda sobre todo en los suburbios orientales de Casablanca.
Un crecimiento demográfico elevado, producto de la combinación de tasas de natalidad todavía muy altas con tasas de mortalidad de tendencia descendente, da como resultado una estructura por edades correspondiente a una población muy joven, con tres quintos del total por debajo de los 21 años. Se trata de una población en rápido crecimiento (ha sextuplicado su número a lo largo del s. xx), que encuentra serias dificultades para acceder a la instrucción pública y al empleo. Ante las escasas posibilidades de progreso que ofrece el medio rural y la saturación del mercado de trabajo en las ciudades industriales, muchos jóvenes marroquíes optan por abandonar el Marruecos (hay más de millón y medio de emigrantes marroquíes en el extranjero) para buscar trabajo en el exterior, sobre todo en la Unión Europea y, dentro de ella, preferentemente en Francia. Las remesas monetarias que envían desde sus lugares de destino representan uno de los principales recursos económicos de Marruecos.
Organización política. En teoría, Marruecos está organizado políticamente como una Monarquía constitucional, con separación de poderes y multipartidismo. En la realidad, estos principios democráticos deben ser matizados teniendo en cuenta el considerable poder que detenta el jefe del Estado, el rey Hassan Il, que es también la máxima autoridad religiosa. Tras la independencia (1956), la política económica de Marruecos se caracterizó por una mezcla de liberalismo e intervencionismo estatal. La planificación económica intentaba sentar las bases para un desarrollo organizado de los diferentes sectores, con intervención del capital estatal al lado de las crecientes inversiones extranjeras.
Marruecos - Sector agropecuario. El sector agrario sigue siendo el que más mano de obra emplea, a la vez que genera importantes recursos por exportación. Durante la colonización, fue uno de los sectores mimados por los franceses, que construyeron presas, canales, almacenes, vías de comunicación, etc., aunque la creación de una agricultura exportadora, moderna y tecnificada estuvo acompañada por la supervivencia de otra agricultura tradicional de auto consumo al margen de los circuitos comerciales. En los años 70, la política de modernización agraria llevada a cabo por el estado de Marruecos (reforma agraria, con reparto de un millón de hectáreas, construcción de una veintena de embalses) acentuó aún más la diferencia entre ambas agriculturas, al crearse una clase media campesina dedicada a cultivos comerciales de exportación, mientras se descuidaba el mercado local y se marginaba a los campesinos con exiguas propiedades no mecanizadas y a los jornaleros, seriamente afectados unos y otros por las sequías de 1980-84 y de los años 90, que incrementaron considerablemente el éxodo rural.
La agricultura de exportación en Marruecos se ha centrado en los cítricos y las hortalizas, con destino al mercado europeo, donde los productos agrícolas marroquíes han sido siempre muy competitivos. Por su parte, el sector agrícola orientado hacia el consumo interno tiene como principal producción los cereales (cebada, trigo, maíz, arroz), si bien, Marruecos deba importar cereales para alimentar a su población.
La ganadería de Marruecos padece también una situación de marginación, consiguiendo un cierto desarrollo en las zonas monta­ñosas y en los bordes semiáridos de las regiones agrícolas, donde se practica todavía un aprovechamiento pecuario extensivo y trashumante, basado principalmente en el ovino y el caprino. Las pesquerías en Marruecos están experimentando una gran expansión en los últimos tiempos, con la explotación de los ricos caladeros de la plataforma continental atlántica, que forman parte del banco canario-sahariano, resultado de la corriente fría de Canarias. La riqueza ictiológica de Marruecos es explotada fundamentalmente por compañías mixtas, ya que los armadores extranjeros están obligados a admitir la participación marroquí. La abundancia de capturas ha dado lugar al establecimiento en el puerto de Safi de una importante industria conservera, con destacada participación en el comercio exterior.
Marruecos - Explotación minera. Como en la época colonial, el principal recurso natural de Marruecos siguen siendo los fosfatos. dé los que Marruecos es el tercer productor mundial, el primer exportador y el que dispone de mayores reservas. Los principales yacimientos se hallan en las mesetas intermedias entre las montañas del Atlas y las llanuras costeras atlánticas. en torno a las ciudades fosfateras  de Khouribga  y Yousso ufia, enlazadas por ferrocarril con los puertos exportadores cercanos de Casablanca, Safi y El Jofr-Lasfar (próximo a El Jadída), Los fosfatos y sus derivados representan para Marruecos su principal partida de exportación. La subida del precio de los fosfatos en el mercado internacional, multiplicado por cinco entre 1973 y 1977, permitió una corta pero eufórica fase de expansión económica. Sin embargo, la fuerte caída del precio de este fertilizante en los 5 primeros años 80 y las subsiguientes medidas estabilizadoras restrictivas precios no subvencionados, devaluación del dirham, reducción de los gastos públicos, con sus dramáticas secuelas en forma de subidas de los precios de los productos básicos, despidos masivos de funcionarios. disminución de gastos sociales, etc., provocaron las airadas revueltas populares de junio de 1981, enero de 1984 y diciembre de 1990, todas ellas violentamente reprimidas. Marruecos posee también, aunque en menores cantidades. yacimientos  de carbón, hierro y otros minerales. Industrialización deficiente. A pesar de los intentos realizados, no se ha conseguido un auténtico desarrollo industrial, sobre todo en maquinaria y bienes de equipo, condicionado por la carencia de recursos energéticos (carbón. gas, petróleo), cuyas pequeñas existencias no alcanzan en absoluto a cubrir las necesidades de Marruecos. Así, pues, el sector secundario se ha centrado en la transformación de las materias primas locales, alcanzando cierta importancia las industrias alimentarias (azúcar, conservas) y textiles (algodón y fibras artificiales), asentadas preferentemente en el litoral. La conurbación Casablanca-Mohammedia, de más de tres millones de habitantes, alberga la mitad de la industria marroquí: dispone de astilleros, centrales térmicas. azucareras, fábricas de cemento, superfosfatos, etc. Es la verdadera capital económica de Marruecos y uno de los principales puertos del continente africano. En la ciudad portuaria de Safi está asentado el gran complejo químico marroquí y las principales industrias de conservas de pescado. El puerto de Nador, en el Mediterráneo, junto a Melilla, concentra parte de la industria siderometalúrgica. No conviene olvidar, por otro lado, la importancia de la artesanía tradicional (textil, piel, metal, etc.), que tiene sus centros principales en las ciudades del interior (Fez, Mequínez y Marrakech).
En los años 90 se habían ido estableciendo en Marruecos numerosas factorías europeas incluidas muchas españolas, atraídas por la baratura de la mano de obra local, en el ramo textil especialmente. En consecuencia ropa y confección integran ya una partida importante en la exportación marroquí, aunque el comercio exterior global sigue siendo muy deficitario; la mayor parte del intercambio lo realiza con la Unión Europea, siendo Francia y España los países que alcanzan niveles más altos en el mismo.
ARTE: En Marruecos es perceptible la huella de la civilización romana en Tánger (Tingis) y en Lixus, la que fuera colonia fenicia cercana a Larache y donde se pueden admirar un teatro, unas termas y pavimentos de mosaicos; pero es en Volúbilis, el antiguo centro beréber, donde se concentra el mayor número de monumentos en un magnífico conjunto urbanístico.
La época del arte islámico de Marruecos se halla condicionada en un principio por los cánones andalucistas provenientes de Córdoba, notables en la mezquita almohade de Qarawiyyin en Fez, Por el contrario, el arte marroquí se producía sin influencia alguna de sus vecinos argelinos,
La dinastía almohade 1148-1250) permitió el gran desarollo de la creatividad indígena y fruto de ello son la Alhambra de Marrakech, de la que sólo quedan algunos muros, y la mezquita Kutubiyva, de la misma ciudad; la mezquita del sultán Hasán, en Rabat, gemela de la Kutubiyya, es también otra obra arquitectónica de gran relieve; junto a ella se erigió a mediados del s. xx el mausoleo de Mohamed V, En la época almohade tuvieron asimismo amplio desarrollo las artes menores, sobre todo los tejidos y la cerámica, con Rabat , Fez y Marrakech como sus focos principales.
De época relativamente moderna es el magnífico conjunto monumental de Mequinez, con la residencia de Dár-al-Kabíra, palacetes y quioscos, rodeados de una gran muralla con 20 puertas, entre ellas la magnífica de Báb alMansür (s. XVIII). Cabe destacar, por último, el palacio de los sultanes en Tánger, ricamente adornado. En 1994 se abrió al público en Casablanca la mezquita Hasán Ll, construida por el arquitecto francés M. Pinseau, la segunda del mundo por sus dimensiones (capacidad, 80000 personas), detrás de la de La Meca, y la de alminar más elevado.
HISTORIA DE MARRUECOS
La población autóctona de Marruecos, anterior a la llegada de los árabes, estaba representada por los beréberes, pueblo camita extendido por todo el NO de África con el que entraron en contacto fenicios en el s. XI a. de J.c., los cua­les instalaron factorías costeras e introdujeron el aprovechamiento del hierro y el cultivo de la vid. Los beréberes asimilaron el alfabeto púnico de los sucesores de los fenicios, los cartagineses, cuya escritura, el tifinagh, se ha conservado hasta décadas recientes. Bajo la dominación romana, iniciada en el 42 a. de J.C., se creó la Mauritania Tingitana en las llanuras del N y se introdujo la religión cristiana entre la población autóctona.
El islam. A los romanos les sucedieron la efímera dominación vándala y la invasión de los bizantinos, que se limitaron a ocupar unos cuantos puntos en la costa mediterránea, hasta que se produjo la invasión árabe (s. VII), que provocó la rápida islamización de los clanes beréberes. Éstos, que abrazaron pronto con ardor la fe musulmana, participaron activamente en la conquista de la península Ibérica (a partir del año 711). En el s. XI, la reforma islámica almorávide logró dominar Marruecos y casi toda la península Ibérica. El Imperio almorávide, que estableció su capital en Marrakech, fue derrotado a mediados del s. XII por otro movimiento religioso reformador, el almohade (monoteísta). Los almo hades consiguieron unificar todo el Magreb bajo dominio beréber, aunque las rivalidades internas entre sus diversos clanes debilitaron pronto al Imperio, enfrentado militarmente a los cristianos en la península Ibérica (derrota almohade en las Navas de Tolosa, 1212) y a los beduinos árabes en el E. A mediados del s. XIII el Imperio se desintegró en tres reinos independientes, lo que prefigura ya la posterior división magrebí en varios estados.
El peligro exterior cristiano aglutínó a los diferentes grupos y clan es marroquíes en torno a la dinastía jerifiana saadita (1554-1659), que extendió su influencia hasta el río Níger, al otro lado del desierto del Sahara, para controlar la ruta del oro, la sal y los esclavos. En la segunda mitad del s. XVII, la nueva dinastía jerifiana de los alauitas (en el poder actualmente), procedente de la región de Tafilalt, al SE del Alto Atlas, logró imponer su poder en las llanuras, pacificar todo el interior de Marruecos y contener la expansión española en el N.
Reparto colonial. A comienzos del s. XX, Francia y España eran los dos estados europeos más interesados en el control de Marruecos, mientras que Alemania, erigida en defensora del reino alauita, abogaba por una total independencia. La Conferencia de Algeciras (1906), que reunió a los representantes de las trece potencias más fuertes del momento, reconocía la independencia de Marruecos, pero otorgaba a Francia y España la custodia de los puertos: Rabat, Mazagán, Safi y Mogador para los franceses, Tetuán y Larache para los españoles, y Tánger y Casablanca bajo una policía mixta. Sin embargo, en 1912 la Convención de Fez instauraba el protectorado. Se reconocía la soberanía del sultán, pero éste debía aceptar la presencia de un comisario general francés. España se quedó con la franja septentrional, exceptuando Tánger (bajo régimen internacional desde 1923). Será precisamente esta zona rifeña de Marruecos la que se verá más afectada por sublevaciones anticolonialistas, sobre todo la dirigida por el emir beréber Abd el-Krim, que aspiraba a crear un estado independiente en el N de Marruecos y recibió apoyo alemán y británico. Hasta 1927 no consiguieron las tropas francesas y españolas terminar con la rebelión rifeña, consiguiendo así afirmar la autoridad formal alauita en todo el territorio.
Ya en la década de los 40 surgió con pujanza el movimiento nacionalista en Marruecos, representado por la organización Istíqlal (Independencia), que contaba con las simpatías del sultán Sidi Mohamed Ben Yusef. Los franceses, por su parte, contaban con el apoyo de El-Glaui, pachá de Marrakech, adversario del sultán, y de los grandes terratenientes, temerosos del nacionalismo. En 1953, el sultán fue depuesto y desterrado por los franceses, y sustituido por el candidato de El-Glaui, Muley ben Arafa. Este hecho provocó la intensificación de las revueltas nacionalistas, con graves atentados contra los intereses franceses y los del nuevo sultán. El agravamiento de la situación obligó a los franceses a deponer a Muley ben Arafa e instaurar de nuevo en el trono al legítimo sultán, ahora con el título de rey Mohamed V (6 noviembre 1955).
Independencia. El 28 de marzo de 1956 Marruecos recuperó su independencia de Francia (y en abril siguiente de España), reunificando los protectorados francés y español y la ciudad de Tánger. A la muerte de Mohamed V, en 1961, accedió al trono su hijo Hasán Il , que centrará su política exterior en las reivindicaciones territoriales sobre partes de Argelia, toda Mauritania y la entonces colonia española del Sahara Occidental. Estas reclamaciones originarán en 1963 la primera guerra fronteriza africana, librada brevemente entre Marruecos y Argelia en disputa por el control de Tindouf, que finalmente permanecería en manos argelinas.
En 1971 y 1972 se produjeron dos intentos militares de golpe de estado. La reacción del monarca provocó el desmantelamiento de la jerarquía militar, acaparando él aún más poder en sus manos, creando un auténtico gobierno personal en Marruecos que sería reforzado por el contencioso de la descolonización del Sahara Occidental, que aglutinó en torno al trono a casi todos los partidos políticos, incluidos los de la oposición de izquierda. Desde que las tropas españolas abandonaron el Sahara Occidental, en 1976, Marruecos se vio envuelto en una costosa guerra en ese territorio, en la que se consumió anualmente alrededor del 40% del presupuesto del estado. hasta la tregua iniciada en 1991.
 La política exterior de Marruecos. dirigida personalmente por el rey. ha estado orientada tradicionalmente hacia las potencias occidentales (Francia y Estados Unidos) y los estados árabes moderados (Egipto). En cambio. ha mantenido un continuo enfrentamiento con Argelia. valedora del Frente Polisario, la organización que se opuso al ejército marroquí en el Sahara Occidental. Sin embargo, desde 1986 mejoraron considerablemente los lazos con Argelia, con la que Marruecos reanudó sus relaciones diplomáticas (1988).
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